Manuel Ibarra Santos
Manuel Ibarra Santos

Monreal, la construcción de consensos y el T-MEC

 

Ricardo Monreal Ávila arribó posicionado como el más eficiente operador del presidente López Obrador, a la apertura esta semana, del periodo extraordinario de sesiones del Senado de la República, que ha servido para aprobar por unanimidad, en un hecho inédito, las leyes secundarias de la entrada en vigor del T-MEC (Tratado México-Estados Unidos-Canadá), el bloque comercial más importante del mundo, con 500 millones de consumidores, que sienta las bases de la nueva gobernabilidad para México. En Zacatecas abre dicha circunstancia, nos guste o no, un renovado ciclo de desarrollo para el monrealismo, como movimiento político.

El Senador Monreal entrega, así, buenas cuentas a AMLO, en un momento de encrucijada de dos acontecimientos importantes para la Nación: 1.-El cumplirse dos años del triunfo histórico de López Obrador, y 2.-La víspera de la entrevista que tendrá el presidente mexicano con Donald Trump, en Washington.

A esta fase de su trabajo, Ricardo Monreal llegó precedido de una etapa ideológica conflictiva (que resolvió exitosamente), promovida por quienes pedían su dimisión como líder parlamentario de Morena en el Senado, e incluso de quienes, en la coyuntura oportunista, en lo local y nacional, le desempolvaron, como hachas de guerra, las leyendas negras de su vida política, esas narrativas que desde hace tiempo fueron derrotadas, por falsas. Monreal, salió más fortalecido.

El senador Monreal –en términos popperianos-, utilizó los mejores recursos frente a la intolerancia ideológica, como lo es la argumentación ética bien justificada. Por si fuera poco, tendió la mano generosa a sus adversarios y puso en contexto la importancia de la estabilidad del país, y el apoyo al presidente López Obrador.  Así, el fresnillense dio una lección de prudencia política.

Karl R. Popper, el filósofo más influyente del siglo XX, creador del racionalismo crítico, en su libro La Sociedad Abierta y sus Enemigos, describió “la paradoja de la intolerancia”, y sentenció: “si se tolera a los intolerantes, entonces triunfa la sinrazón, lo que puede destruir las libertades de una sociedad democrática. Y el arma más contundente contra la intolerancia es la racionalidad argumentativa”. Y todo parece que así procedió Ricardo Monreal.

Monreal Ávila ha conducido, con oficio y moderación, el proceso para desahogar la agenda que ha permitido aprobar las leyes reglamentarias del T-MEC, con el apoyo de las diversas fracciones parlamentarias y de sus compañeros legisladores de partido. Un hecho extraordinario que muestra a AMLO en un clima de unidad en su entrevista, de la semana entrante, con Donald Trump. Entregó al presidente buenas cuentas.

 

Monreal y el T-MEC

En la aprobación de las leyes secundarias para el inicio del T-MEC, Ricardo Monreal ha jugado un papel estratégico central, desde el Senado de la República. Un hecho relevante en los ámbitos nacional e internacional.

América del Norte integra un mercado potencial con 500 millones de consumidores y una economía por más de un billón de dólares. Tan sólo cada día, México y Estados Unidos, comercian más de mil 500 millones de dólares en diversos productos.

El T-MEC abre nuevas oportunidades para la economía mexicana del siglo XXI, pues considera temas como la propiedad intelectual, el comercio digital y los servicios financieros. Pone además en contexto el respeto a los derechos laborales, la equidad de género y políticas de protección medioambientalistas.

Ricardo Monreal Ávila se posiciona (nos puede parecer o no, pero es la realidad, al margen de actitudes maniqueas), como el operador dialogante con los mejores resultados positivos para el presidente López Obrador. Se coloca, de esa manera, como un político mexicano de gran influencia nacional.

Aquellos que no han seguido su trayectoria desde los niveles más modestos hasta los más encumbrados, desconocen de sus capacidades políticas e ignoran que Ricardo Monreal se crece en los escenarios de conflicto.

 

El nuevo ciclo del monrealismo

El monrealismo, aquel movimiento político y social que conquistó el poder constitucional de Zacatecas en 1998, con Ricardo a la cabeza, ha entrado a un nuevo ciclo histórico de su desarrollo. No es un mito, como lo califican sus críticos. Los hechos lo demuestran.

Cuando se crearon los cimientos de la primera alternancia en Zacatecas en el 98, el monrealismo se constituyó en un referente nacional de lucha de izquierda, así como de la apertura de emergentes horizontes de pluralidad ideológica en el país. En aquel entonces, ese movimiento se desplazó de la periferia/provincia, hacia el centro.

Ahora, Ricardo Monreal ha encontrado los espacios para trabajar su presencia desde la capital de la República hacia Zacatecas y las entidades federativas.

Nadie le podrá menospreciar la capacidad que tiene Ricardo Monreal para influir en las decisiones políticas futuras de Zacatecas y México. Hacerlo sería un error.

 


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