Edgar Alejandro Palacios Gaytán / Historiador
Edgar Alejandro Palacios Gaytán / Historiador

A pesar de que desde un inicio nuestro capitán Hernán Cortés habló con Moctezuma sobre los sacrificios que hacían de indios debían terminar, estos no habían cesado desde entonces; era ya febrero, y un día, por consejo de los capitanes, se decidieron que era hora de hacer algo, pero que tampoco alborotara a la población, y esto fue derribar a todos los ídolos de la pirámide de Huitzilopochtli, y si con esto sucedía algún alboroto pedirle que nos dejaran colocar una imagen de Santa María y una cruz en lo alto de esa pirámide. Al final de hablar de esto con Moctezuma este se negó a derribar a los ídolos por temor, pero permitió colocar las figuras que pedíamos alejadas de los primeros, donde pudimos celebrar misa.

Esta fue una de las últimas acciones que hicieron por fin actuar a Cacamatzin desde que habíamos tomado preso a Moctezuma, ya que desde que habíamos colocado estas imágenes, el Huey Tlatoani se había reunido con sus principales capitanes y sacerdotes donde estos les aseguraban que debían matarnos, ya que sus dioses Huitzilopochtli y Tezcatlipoca estaban muy molestos de la ofensa que les habían hecho. Cuando Cortés supo de esto, a través del mismo Moctezuma, por medio de sus lenguas doña Marina y Gerónimo de Aguilar pidiendo que antes de que nos matasen mejor huyéramos al mar, a lo cual se negó Cortés aludiendo que no teníamos naves, pues las habíamos quebrado y que faltaría tiempo para construir otras. Aun así accedió y mandó a Martín López y Andrés Núñez a la Villa Rica a que comenzaran a construir algunos navíos en compañía de algunos carpinteros mexicas.

Sin embargo, el descontento y corajes ya estaban sembrados en los principales y familias de Moctezuma, sobre todo desde nuestra llegada, la prisión de Moctezuma y por la recaudación de tributos y oro que habíamos hecho días antes, donde narré cómo nuestro capitán Cortés, quizás por un malentendido, mandó a la horca a Netzahualquentzin, un hermano de Cacamatzin, quien era el principal de Texcoco, la segunda ciudad más grande después de Tenochtitlan. Fue así que Cacamatzin, quien era el sobrino de Moctezuma y tenía poco más de unos 30 años, nos enteramos que había mandado convocar una reunión donde se reunieron varios de los principales y primos de Coyoacán, Tacuba, Matalcingo e Iztapalapa, donde planeaban como último recurso rescatar a Moctezuma de nuestro cautiverio y así tratar de impedir que nosotros siguiéramos consiguiendo lo que quisiéramos.

Fue así que Cacamatzin, el día 15 de febrero mandó un mensaje secreto a Moctezuma comunicándole que irían a rescatarlo. Sin embargo, este último no quiso saber de nada de estos planes y fue así que rápidamente comunicó a nuestro capitán Cortés sobre los planes que tenía su sobrino, cosa que alertó a Cortés y planteó poner acción para contrarrestar los planes de éste. Todo esto sucedía dentro de lo que los mexicanos llamaban los días de nemontemi, los últimos días del último mes de su conteo de los días, es decir, nos acercábamos al inicio del nuevo ciclo según su calendario. Pero, estos últimos días eran considerados como días vacíos o días de la mala suerte, donde era mejor no realizar ningún tipo de plan; sobre lo que sucedió después, lo contaré el próximo capítulo.

 La conspiración de Cacamatzin. Segunda semana de febrero, 1520

Columna: Crónicas de la Conquista de México              

Por Edgar Alejandro Palacios Gaytán / Historiador

 


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